sábado 28 de agosto de 2010


El pasado es esa tierra inmóvil a la que nos acercamos con un movimiento uniformemente acelerado, pero el trayecto -tiempo en el espacio -nos impide apartarnos para tener una visión que no esté afectada por la caída -espacio en el tiempo -voluntaria o involuntaria. El tiempo, aun detenido, da vértigo, que es una sensación que sólo puede dar el espacio.

El pasado sólo se hace visible a través de un presente ficticio -y sin embargo toda la ficción perecerá. No quedará entonces del pasado más que la memoria personal, intransferible.
No me interesa la impostura literaria sino una verdad que se dice con palabras que necesariamente van una detrás de la otra aunque expresen ideas simultáneas. Sé que una frase es siempre una cuestión moral. ¿Hay una memoria ética? ¿O es estética, es decir selectiva?
La memoria es otro laberinto en que se entra y a veces no se sale. Pero son fantásticos, innúmeros, los corredores de la memoria, fuera de la que hay un silo tiempo real y es aquel que se recuerda -es decir, yo mismo ahora en que la máquina de escribir es la verdadera máquina del tiempo.
Escribir, lo que hago ahora, no ews más que una de las formas que adopta la memoria. Lo que escribo es lo que recuerdo -lo que recuerdo es lo que escribo.
Entre ambas acciones están las omisiones -que son los intersticios, lo que se queda. Es decir, mi hueco: el espacio del tiempo recordado.
Es tan fácil recordar, tan difícil olvidar... ¿No es eso lo que dice la canción? ¿O dice...? No recuerdo, lo he olvidado. Recordar es grabar en un idioma u otro. Pero olvidar no tiene equivalencia.

Guillermo Cabrera Infante,
La ninfa inconstante
*

1 comentarios:

  1. la frase final es aniquilante, terrible y real...
    Saludos!!!

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Nací el 2 de julio de 1978. Soy músico, escritor, viajero. Me licencié en filosofía por la Universidad Oriental de Nápoles (Italia). He tocado todos los géneros literarios, incluido el curriculum vitae (el que más) y la poesía (con poca o nula fortuna). Escribo novelas, relatos y guiones, compongo canciones y toco el piano. Mi espectáculo musical se llama Migue y el fabuloso trompetista invisible. He vivido en Alcorcón, Sevilla, Londres, La Habana, Ciudad de México, Bogotá, Buenos Aires, Nápoles y Madrid. Algunos de mis relatos han aparecido en antologías, revistas, fancines o rocambolescos folletines olvidados. Me gano la vida como buenamente puedo (casi siempre de forma legal) y colaboro con algunas editoriales y revistas. "Últimas 2 horas y 58 minutos" (Lengua de Trapo) es mi primera novela publicada. Para ser feliz me basta un piano, una playa desierta, buena compañía. Thelonious Monk ya inventó casi todo lo que se me ocurre. De mayor quiero ser Jacques Brel o Leonard Cohen. mangelmaya@gmail.com

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